Tiempos y laberintos
Laberintos tú me dices, son los senderos de nuestra experiencia, la vida vivida deambulando con-sin rumbo hacia nada o hacia todo.
El centro del laberinto, el Lábaro: hacha de doble filo, es una metáfora de la guadaña que sega nuestro tiempo.
Qué absurdo creer que tenemos propiedad sobre un intangible: el tiempo.
Creemos además tener espacios propios, peleamos, matamos por ellos ignorando que sobre las “categorías” no hay dominio.
Quién es el dueño de un cenote: un indio maya, un hacendado, la naturaleza, el estado, o Dios?
Itinerantes, es lo que somos, cansados o entusiastas caminantes, según estados de ánimo cambiantes, buscadores de verdades inalcanzables.
Comenzamos, marchamos, continuamos una vida errante, erramos de teoría en teoría, de técnica en técnica, de autor en autor, de ciudad en ciudad.
Busca el centro tú me dices, pero casi nunca lo comprendo.
Me dices deberás limpiarte de amargura, dejar las críticas, el rencor, las emociones violentas y el resentimiento... Entonces podrás salir del laberinto a tiempo.
Sólo conserva el don de perdonar.