Tlön es Xul


Uno de los textos narrativos más importantes de Borges es el cuento de ciencia ficción "Tlbn, Uqbar, Orbis Tertius", que tiene una intensa relación con Xul Solar.
Fue publicado por primera vez en mayo de 1940 en la revista Sur y recogido en la Antología de la literatura fantástica, compilación que Borges realizó junto con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Esa antología apareció en diciembre de 1940 y al año siguiente el cuento integró el tomo El jardín de senderos que se bifurcan, que finalmente, en 1944, se convirtió en parte de otro libro, Ficciones. No solamente es uno de los textos más deslumbrantes de Borges por la perfección diamantina de su invención sino porque inaugura una veta que luego exploraría a lo largo de su obra cuentística. Ya en su comienzo esta filigrana literaria plantea al lector un reto: el autor imagina una novela en primera persona cuyo narrador pasara por alto algunos hechos, omisión que permitiría a unos pocos lectores adivinar cierta realidad oculta.
Pues bien, en el puzzle narrativo "Tlón, Uqbar, Orbis Tertius" se omite un nombre, un trasunto real, una figura secreta a la cual, sin embargo, el texto alude sin cesar: la de Xul Solar.
El cuento narra la vida en un planeta llamado Tlón, un mundo imaginario del que se describen la geografía, la historia, el lenguaje, la música, las creeencias y algunas costumbres, aunque para ello sólo emplee el narrador quince páginas, parte de las cuales se va en eruditas filigranas introductorias. Tlón fue inventado por una sociedad secreta de astrónomos, biólogos, ingenieros, metafísicos, poetas, químicos, algebristas, moralistas, pintores y geómetras. Detrás de tantos individuos que dominan disciplinas tan diversas, ha de haber alguien que tenga una gran capacidad de invención y sobre todo alguien que someta todos esos aportes a un riguroso sistema: el verdadero inventor de Tlón sólo puede ser, aventura el narrador, un "oscuro hombre de genio".
Diversos indicios señalan que el único ser en el mundo capaz de crear Tlón no era otro que Xul Solar: astrólogo, pintor, poeta, músico, inventor, lingüista y creador de lenguajes, juegos y sistemas métricos. En Adán Buenosayres también es Xul (Schultze) quien urde un mundo fabuloso, mientras conduce a sus amigos por el laberíntico mundo del subsuelo de Buenos Aires.
Si el hombre idóneo para ordenar el caos del mundo imaginario de Tlón sólo podía ser un genio, ¿a cuántos genios había conocido Borges? Además de Rafael Cansinos Assens y Macedonio Fernández, Borges conoció a muchos hombres de talento, "pero hombres de genio... Alejandro Xulsolar..."
En un principio, Tlón parece un caos, pero es un cosmos que tiene leyes que lo rigen. Podría decirse lo mismo del arte de Xul tal como fue visto y a priori juzgado por sus contemporáneos. ¿Acaso no parecía un caos esa yuxtaposición de formas, signos y colores sin ilación lógica? También la personalidad de Xul era, como Tlón, incomprensible para sus contemporáneos. No se sabía si era un sabio o un farsante, y la constante originalidad de sus propuestas era un desafío para los "seres normales". En Adán Buenosayres de Marechal se despliega, simultáneamente con la cosmovisión del Astrólogo, su problemática inserción en el mundo, que no es un mundo cualquiera sino la ciudad de Buenos Aires en los años veinte. La interrogación sobre la verdadera naturaleza de Xul (Schultze) es constante en el Adán. Pero quien llegue a conocer a ese ser -como Borges aprendió a conocer a Xul- y ligue la inagotable creatividad y la vastedad de los intereses vitales que poseía Xul, así como la sed inagotable de saber que lo poseía, hallará la profunda unidad de un hombre único. También quienes se acercan al mundo de Tlón se desconciertan. Pero si perseveran en la observación, alcanzarán a descifrar el secreto: la geometría visual se basa en la superficie, no en el punto, desconoce las paralelas y tiene formas que se modifican a medida que el hombre se desplaza, lo mismo que le pasa al observador que se adentra en el universo plástico de Xul. También la literatura en el planeta Tlón es extraña: todos los libros son de un solo autor. No existe el plagio, ni el flagelo de la vanidad y el egocentrismo y los poetas son un solo poeta, mientras que las aventuras del pensamiento contienen siempre su permutación: "Un libro que no encierre su contralibro es considerado incompleto". En estas condiciones, un artista que pretenda volverse bronce se derrite como un castillo de hielo bajo el sol. La creación y el arte sólo pueden surgir de la convivencia y la risa, el respeto a lo sagrado del misterio de la vida, de la humildad y también de la levedad. Estas modalidades de Tlón, el planeta utópico de la armonía que describe el narrador borgeano, se corresponden con el universo de Xul Solar y con su propia persona. Su viuda evocaba en 1975 la concepción de la literatura que tenía Xul: un territorio sin plagios:
"Decía (Xul) que como hay animales raros en la tierra, así también hay otros extraños seres alados que habitan en la estratosfera y como viven de ideas, se alimentan de ideas y las que siembran en todo el universo, caen sobre mentes que están preparadas y puede ocurrir que en el mundo haya varias personas que al mismo tiempo tengan la misma idea".
Si fuera posible desplegar uno junto a otro los mil cuadros que en su laboriosa vida pintó Xul, se percibiría ese torrente de imágenes, historias y enigmas como piezas de un puzzle, y se vería que allí existen una geografía, una zoología, una morfología, banderas, juegos, historia, mitología. Esa fabulosa jauja de colores y formas demostraría que Xul Solar a su manera era también un planeta.
Otra identificación brinda pistas sobre la intensa correlación entre el mundo imaginario de Tlón y el mundo real de la mente de Xul Solar: Herbert Ashe, demiurgo de Tlón, ha inventado, como Xul, un nuevo sistema de numeración: es el sistema duodecimal en el que el 10 se sustituye por un 12.
Si bien Tlón no posee ubicación en una época y lugar, el cuento de Jorge Luis Borges "Tlón, Uqbar, Orbis Tertius" sí que la tiene. La descripción de un planeta utópico viene precedida por una laberíntica construcción literaria, llena de guiños y sobrentendidos, lo que André Gide llamaba mise en abime. Jorge Luis Borges, como lo haría Leopoldo Marechal en su novela, traza, acotado a la brevedad del cuento, como corresponde a un miniaturista de la literatura, un animado cuadro de la vida literaria de Buenos Aires. Borges no esconde a los modelos bajo nombres en clave, por otra parte transparentes, como haría Marechal; elige una estrategia narrativa diversa: nombra a muchas personas reales involucrándolas en una rocambolesca historia de textos perdidos, alrededor de un artículo de cierta pirática enciclopedia. Esos nombres, casi un catálogo de las amistades de Borges en aquellos años, no encierran retrato alguno. Son meras referencias eruditas cuya finalidad quizá sea desrealizar el texto, camuflando el verdadero retrato escondido en el relato, a la manera del "dibujo en el tapiz", de Henry James.
Veamos qué se narra en ese complicado ajedrez literario que precede al núcleo narrativo, o sea a la descripción del mundo de Tlbn. Borges y Adolfo Bioy Casares conversan en una quinta alquilada de Ramos Mejía, donde se han refugiado para escribir algo -quizá fuese cierto folleto sobre las virtudes de la leche cuajada-. Bioy menciona el artículo de una enciclopedia inglesa en el que se citaba la frase de un jefe poderoso -un heresiarca, término que gustaba mucho a Borges- del Asia Menor: esa frase, que reaparece con otras variantes a lo largo del cuento y en otros textos del autor, dice: "los espejos y la paternidad son abominables porque multiplican la tierra y la afirman". La cuestión pica la curiosidad de Borges, que busca infructuosamente la fuente de la oración. Ella estaba en el artículo de una enciclopedia sobre un país del Asia Menor llamado Uqbar. Esa búsqueda está llena de circunloquios y detalles eruditos y se ve frustrada una y otra vez, siguiendo uno de los mandamientos del suspenso, desde las Mil y una noches a Alfred Hitchcock, a saber: el interés del lector se despierta mediante la constante interrupción del relato. El narrador nombra a Carlos Mastronardi, Enrique Amorim, Alfonso Reyes, Ezequiel Martínez Estrada, Néstor Ibarra y Drieu La Rochelle, ese francés que fue visitante fugaz de Buenos Aires, junto con un personaje imaginario, un tal Herbert Ashe, ingeniero inglés que dará finalmente la clave pues a través de él llegará el narrador a un libro que le revelará el mundo de Tlón. Así, el cuento que el lector tiene en sus manos es una especie de catálogo de amistades borgeanas. ¿Por qué nombra a tanta gente Borges? Jaime Rest ha escrito sobre esa estrategia borgeana que
"ingenuamente, podría suponerse que se trata de un ardid encaminado a proporcionar esa especie de convicción que, según suelen afirmar los preconceptistas, la presencia de un nombre real logra imprimir en cualquier ejercicio imaginativo. La verdad acaso deba buscarse en la dirección opuesta: a Borges lo seduce contemplar cómo la literatura -el universo de las palabras- devora los fragmentos de realidad que le son arrojados y los transforma en su propia sustancia; por consiguiente, no cesa de alimentar a este monstruo insaciable; goza comprobando que lo real se disuelve en lo ficticio, toda vez que en el texto cae el nombre de alguien que tuvo o tiene -como él dice- una existencia `acaso no imaginaria'. Inclusive, ¿quién es el mismo Borges, cuando aparece en sus propios relatos, si no un personaje ficticio?".
En ese catálogo de escritores en cuya enumeración se deleita Borges, ¿qué papel juega Xul Solar? Ese nombre recibe una mención decisiva pues tiene que ver con el lenguaje de Tlón.
Tras tantas idas y vueltas, sabemos que Tlbn es un planeta y Orbis Tertius el título de una obra que resume todos los conocimientos que se poseen sobre el fabuloso planeta secreto. ¿Cómo es el lenguaje del planeta? "No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlón, de la que proceden los idiomas `actuales' y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda ala palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice blór u fang axaxaxas mló o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluye lunó. Upward, behind the onstreaming in mooned)."
Borges se sintió atraído por los experimentos lingüísticos de Xul, y en especial por el neocriollo, ese extraño lenguaje que Xul empleó en sus cuadros como soporte literario de su plástica y que fue perfeccionando a lo largo del tiempo en textos varios. Las interminables conversaciones mantenidas durante la larga amistad tocaban con frecuencia el tema de esa invención xuliana. El neocriollo, con sus sonidos monosilábicos, lleno de sufijos y prefijos, irrumpe en el texto a través de la "traducción" que hace Xul del lenguaje de Tlón.
Al describir su planeta Tlón, y en medio de una galería literaria, Borges reservó a Xul un papel clave: el de traductor (es decir inventor) del lenguaje de Tlón, que no es otro que el neocriollo.
Quizás, a esta altura, el lector objete: si Tlón es un planeta no puede ser un hombre. Habría que apuntar aquí una nueva correspondencia del cuento de Borges con la novela de Marechal, ambas obras girando en torno a retratos velados de Xul Solar. En Adán Buenosayres, el neocriollo deja de ser un lenguaje y pasa a ser una persona, un arquetipo, un hombre utópico.
Por si todo esto fuera poco, hay otra referencia -no menos indicativa- a Xul Solar en el cuento de Borges. Éste tiene una coda, escrita y publicada en 1940 pero falsamente posdatada; Borges la fecha en 1947. El lector de 1940 se veía así apresado por el vértigo de un universo que incluía el futuro, un recurso típico de la ciencia ficción. Como lo ha señalado Emir Rodríguez Monegal, Borges estaba influido por una novela de ese género que había leído durante la convalecencia del grave accidente que sufrió en 1938: Fuera del planeta silencioso, de C. S. Lewis. Era un género que amaba, y conocía a fondo a sus precursores, como H. G. Wells. En esa coda final, y mediante una aceleración que roza el delirio, el autor agrega otras variantes a su infinito laberinto, cuya finalidad ficcional no es otra que dotar de paradójica realidad -la realidad de lo literario, algo típicamente borgeano- al invento. Está historiando los sorprendentes sucesos que confirmaron la existencia del misterioso planeta Tlón luego de que su existencia fue postulada por Borges en el cuento publicado por Sur en 1940. Entre esas variantes se incluye la aparición de un supuesto autor de la Enciclopedia sobre Tlón, que sería un millonario norteamericano que vivió en el siglo XIX. En ese momento, el narrador precisa: "Hacia 1942 arreciaron los hechos. Recuerdo con singular nitidez uno de los primeros y me parece que algo sentí de su carácter premonitorio. Ocurrió en un departamento de la calle Laprida, frente a un claro y alto balcón que miraba al ocaso..." ¿De qué hecho se trata? Es una enumeración de objetos sacados de un cajón, todos los cuales remiten al mundo del planeta Tlón.
La escena, inequívocamente, sucede en la casa de Xul Solar. En Laprida 1214 había (hay) un balcón alto que miraba al poniente. Situado en la vereda oeste de esa calle, que corre en el damero porteño de sur a norte, o de norte a sur, en ese departamento, en ese balcón, desde el cual Xul hacía sus observaciones astrológicas en las claras noches porteñas, se podía observar la casa de Mansilla 2936, en la que había vivido Xul de chico y adolescente; en ese balcón de Laprida, Borges y Xul transcurrieron muchas noches en interminable charla.
Podrían encontrarse otras vertiginosas equivalencias entre el cuento de Borges y el mundo de Xul Solar, por ejemplo, las referencias a la cábala, a la gnosis, a los estudios herméticos, al ajedrez, a una sociedad secreta en Londres, la ciudad en la que Xul se entregó a sus estudios sobre lo oculto, a la constante interrelación entre la pintura y la poesía, que está en el centro de las búsquedas artísticas de Xul.
Luego de mencionar la casa de la calle Laprida, el relato habla, ya en el caleidoscópico tramo final, de un viaje al interior del Uruguay en el que Borges y Amorim ven a un muerto. Del cinturón de este gaucho muerto caen unas monedas y un extraño objeto: un cono de metal reluciente del tamaño de un dado. "En vano un chico trató de recoger ese cono. Un hombre apenas acertó a levantarlo. Yo lo tuve en la palma de la mano algunos minutos: recuerdo que su peso era intolerable y que después de retirado el cono, la opresión perduró". Se trata pues de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo, ¿qué tipo de objeto es? Esos conos pequeños y muy pesados (hechos de un metal que no es de este mundo) son imágenes de la divinidad, en ciertas religiones de Tlón. Este icono borgeano se relaciona a la vez con los mundos creados por Xul Solar y por Macedonio Fernández; así el relato funde a los tres grandes creadores de Buenos Aires: Borges, Macedonio y Xul. En los años veinte, en la tertulia que los reunía en el bar La Perla del Once, Macedonio y sus amigos pergeñaron una novela colectiva y oral (no llegó a escribirse) cuyo título habría de ser "El hombre que será presidente", en la que ellos eran a la vez autores y personajes. La historia contaba una loca conspiración para que Macedonio llegara a la Casa Rosada. La estrategia consistía en llenar la ciudad de inventos perturbadores que crearan inquietud y desasosiego: las manijas de tranvía que hacían caer a los viajeros, las solapas desmontables que al aferrarlas se desprendían del traje, o los objetos pequeños con desproporcionado peso; también objetos muy grandes y leves como burbujas de jabón, entre muchas otras. En un mundo histerizado por esta rebelión de la lógica, la inquietud generalizada llevaría a los ciudadanos a pedir un "restaurador" de la normalidad, que no sería otro que... Macedonio Fernández. La novela colectiva y oral fue escrita por Macedonio, en parte, en su Museo de la novela de la Eterna. A su vez, los conos muy pequeños y anormalmente pesados, esos objetos misteriosos y cargados de simbolismo que aparecen como un enigma en el cuento de Borges, están presentes en muchos cuadros de Xul Solar; en el planeta Tlón, otro nombre del planeta Xul, otro nombre del planeta Buenos Aires en el que Borges, Xul y Macedonio danzan su extraño minué fantasista, los conos viven.

Nota: El subrayado es nuestro


Estos textos fueron extraidos del libro:
Xul Solar, Pintor del misterio
Alvaro Abós
Ed. Sudamericana